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Relato del día de los Muertos

relato dia de los muertos

Siempre lo quise mucho a mi tío aunque no lo viese muy seguido. Se había exiliado a México en los 70 y allá terminó desarrollando su carrera y haciendo una familia. Solamente venía a Argentina a pasar navidad y año nuevo. A veces con mi tía y mi primo mexicano, otras venía solo él.

Se había graduado de antropólogo antes de irse, y allá para complementar se recibió de arqueólogo. Ambas carreras se complementaban y le servían de mucho dada la rica historia de aquel país antes y después de la llegada de colón al continente.

No tardó en conseguir trabajo y por suerte le iba bien. Cuando termine el colegio, al año siguiente no pudo empezar a estudiar porque me habían quedado materias colgadas del secundario. Quería seguir antropología como él. Se lo dije cuando me llamó en junio para mi cumpleaños. Al otro día tenía una nuevallamada suya:

“¿Vos querés estudiar lo mismo que yo, no” Bueno, preparate para venir a Mexico conmigo. Ya tengo los pasajes de ida y vuelta, pero vos cuanto antes tenes que aprobar todas las materias, no quiero tener problemas con tus padres.”

Durante esos cuatro meses estuve insoportable, no me bancaba ni yo mismo. No era nada más la primera vez que salía del país, sino que además lo hacía solo, y a mexico, para estar con mis familiares allá y aprender de mi tío, que por tantos años había trabajado de lo que yo también quería.

Al final, llegó mediados de octubre y me pude ir de viaje. Salí de ezeiza, y llegué al aeropuerto internacional de la ciudad de mexico 10 horas después. Ahí me estaba esperando su esposa Sandra, con mi primo Juan con el que nos llevábamos pocos días.

Él, llegaría a la ciudad en una hora. Estaba volviendo de una excavación a 150 km. Me llevaron a su casa y al rato llegó el tío Ernesto. Por poco nos rompemos los huesos del abrazo que nos dimos. A la noche me llevó a pasear por la ciudad y me prometió que al otro día lo acompañaría a la excavación.

Antes de entrar a la casa, me dio el pasaje de vuelta a Ezeiza. Teníafecha para el 3 de noviembre, así que tenía dos semanas para estar allá:

– Facu, tenelo vos. Me da miedo perderlo y además, es un regalo de mi parte. Que nose entere tu tía, es unsecreto de familia, ¿estamos?–

Aquella noche pasó y también fueron pasando los días varias veces acompañé a mi tío al trabajo, incluso hasta me di el lujo de que me dejara hacer trabajo de campo con él y con sus compañeros.

Cerca de fin de mes me mandó a llamar en uno de los campamentos cercanos, yo estaba a unos 100 metros junto a Carlos, su mano derecha y fui corriendo cuando llegue me dijo: –Facu escuchame, no hagas planes para el uno y dos de noviembre, tenemos algo especial para hacer esos días.

Le dije que no se hiciera problemas y segui recorriendo el lugar. Conformese acercaban aquellas fechas en las que mi tío ernesto quería que hiciéramos algo iban apareciendo en las ciudades y pueblos unas imágenes de una mujer esquelética y más o menos vestida. Con un sombrero emplumado puesto.

Luego, cuando los religiosos católicos comenzaron a evangelizarlos, vieron que la mejor forma de atraerlos era haciéndoles parecidas algunas festividades locales, con las que traían de europa y así, vieron que viendo la transición de la vida a la muerte era muy importante y la emparentaron o sincretización con el día de todos los santos y de todos los difuntos.

Cuando pregunté por la catrina, tomó la palabrala tía Sandra. La catrina empezó durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz , eran carabelas vestidas con ropas de gala para retratar la miseria, los errores políticos, y la hipocresía de la sociedad. Como la catrina.

Sinceramente me pareció un poco interesante y me fui a dormir, pero alotro día, 31 de octubre, me comenzaría a llamar más la atención. Ernesto, como cada mañana, me venía apreguntar a la pieza se quería acompañarlo. Con una sonrisa le dije que si, me parecía gracioso que se le hubiera pegado tanto la tonada mexicana, aunque hubiese crecido en plena capital federal.

Aparte se le mezclaban palabras lunfarda con mexicanas, lo que lo hacíamás raro. En el camino me dijo que esta vez íbamos a otro campamento diferente, que desconocían hasta los mismos Sandra y Carlos.

Cuando le pregunté qué tenía de especial ese lugar, me dijo que le habían comentado que era un lugar ceremonial de los mexicas, relacionado con el paso a la muerte. Que no me asustara, pero que por ahí ellos se lo tomaban de una manera especial, por estar cercano el día de muertos y no quería molestarlos.

A parte, según él no quería avivar giles y cuanto más secreto estuviera hasta que se pusiera el campamento mejor. En una hora habíamos llegado al lugar pasando de autopistas a caminos rurales y d ecaminos rurales a tener que el caminar entre la vegetación.

El nuevo lugar a investigar era increíble. Había ruinas por todos lados con inscripciones que apenas distinguía, pero que para el tío Ernesto estaban claras como el agua. Aquel lugar definitivamente representaba el paso de la vida a la muerte para aquella civilización.

En un momento, Ernesto me dijo: –mirá para allá Facu– Cuando giré y le di la espalda, sentí un dolor en la nuca. Caí desmayado. Cuando desperté estabaatado a un árbol, no veía a Ernesto pero tras llamarlo apareció caminando desde atrás.

– Quedate quieto Facu, podrías lastimarte. Perdoname que te haga esto. Te juro que no quería pero no me quedaba otra –

Le preguntaba qué carajo estaba haciendo, que me dejara ir. Que me soltara. Pero él parecía no registrarme. Comenzó a moverse de forma extraña y hablar en una lengua rarísima. Cuando empecé a gritar pidiendo ayuda él se me acercó y me tapó la boca, con una de sus manos.

– Facu, esto es más importante que vos y yo,es más importante que todo, ¿no lo entiendes? tu viejo es médico, se dedica a tratar de salvar vidas, pero si no lo logra todos morimos y yo puedo traer la solución a todo. Hace 30 años que estoy acá y te juro que vi más cosas que las que podrías imaginarte. Aprendí elementos totalmente desconocidos de las antiguas culturas que hubo acá. Aquí se aprende a mantener a los muertos tranquilos, pero cuando vinieron los europeos les hicieron olvidar lo principal: traer de nuevo a la vida a aquellos que amamos, y yo puedo hacerlo. –

Estás en pedo tío. ¡Dejame salir! Qué carajo tengo que ver con todo esto.

–Pues, ¿lo viste a Juan?–  Sí, quetiene que ver, déjame ir.

– Cuando tenía pocos meses de vida fuimos a visitarlos a ustedes. Vos no te acordás porque eras chico, y yo ya tenía años en esto, y había estado en este mismo lugar. Una noche estábamos con tus padres y con vos en la casa que era de mis abuelos, todavía vivía uno de ellos. Rosa, tu bisabuela, con Sandra y tus viejos habíamos tomado demás y Rosa estaba muy viejita ya. A Juan lo habíamos dejado con tus viejos pero con el pedo que teníamos nos pusimos a hacer… qué carajo te importa!

Me chupa un huevo soltame!

– Les habíamos pedido que lo cuidaran pero no lo hicieron. Cuando Sandra se asomó al patio ustedes dos estaban flotando en la pileta. Les tomé el pulso y estaban muertos…No pensaba permitir que mi hijito muriera y tu padre tampoco.

Había traído algunos elementos de los rituales mortuorios de aquí para mostrárselos a la familia, pero ahora pensaba darle su uso. Seguí los pasos lo mejor posible, para que juancito y vos volvieron a lavida costara lo que costase, y lo logré. Juan vivió. Vos lo viste. Vos también, son normales. Como vos y yo –

Vos sos el anormal hijo de puta soltame.soy tan

– La buena Rosa, fue lo que tuve que darles a cambio. Les vi a mi abuela senil, a cambio de mi bebé y mi sobrino. Pero no era por mucho tiempo, tenía que hacerlo de nuevo alguien joven o Juancito se me iba, y juancito no se me iba a ir otra vez más. Vos le vas a dar vida a mi hijito.

Mi tío le escribió un mensaje a Sandra, diciéndole que pasaríamos la noche en el campamento, que tal vez al otro día volveríamos a la noche, tarde. Que no nos esperara.

Este basura llegó a mostrarmelo. Sobreviví bebiendo lo que el tío Ernesto me acercaba. Me moría de hambre allí atado y no pasaba nadie ni nadie me escuchaba gritar. Pasó la noche y pasó también el día, cuando se hizo la medianoche en la que el 2 de noviembre arrancaba yo estaba hecho mierda, y el tío ernesto empezó a cantar algo raro.

Si no hubiera estado atado y en esa situación hubiera sido cómico verlo a mi tío semi desnudo cantando en palabras inteligibles y ataviado como si fuera un aborigen que había salido de una película de Mel Gibson. En un momento, creí empezar a delirar. Mi bisabuela rosa, mis dos abuelos muertos, y gente qued esconocía que estaba caminando hacia donde estábamos nosotros.

Ernesto seguía cantando y prendiendo fuego unos pastos, o qué sé yo que eran. No podían verlos pero yo podía: Ayúdenme por favor, me quiere matar, hagan algo por favor.

Ernesto seguía en lo suyo. Ya ni siquiera se preocupaba en callarme, seguía concentrado en lo suyo. No veía que nuestros antepasados y otros más nos estaban rodeando.

Por favor ayudenme, quieren matarme para que su hijo viva, yo no tengo nada que ver con esto, por favor hagan algo, se los ruego.

–Cállate pendejo nadie te va a dar pelota, estás delirando– me dijo, pero ellos me miraban con lo que creí que era compasión y lo estaban mirando mal a él.

Y esto me cuesta creerlo a mí también. Uno a uno, empezaron a meterse en el cuerpo de Ernesto. Con cada uno que entraba él tenía un espasmo y brillaba. Cuando el último terminó de ingresar, el tío me miró y se acercó, con las manos me abrió la boca, puso la suya a diez centímetros y la abrió de par en par. No recuerdo nada más de lo que ocurrió.

Cuando aparecí en lo de mi tía, me dijo que me había levantado de la ruta un camionero. Que me vio caminando medio zombi y que di a esta dirección.

Sandra me preguntó por el tío Ernesto, y le dije la verdad, que no sabía dónde estaba pero le mentí cuando le dije que no sabía que había pasado. Que había estado todo bien y que no tenía idea de por qué estaba caminando totalmente idopor la ruta.

Al otro día me fui, y la tía y Juan estaban angustiados por el tío Ernesto y yo, sin embargo, sabía que no debían angustiarse tanto.

Dos días después falleció Juan, y a los dos meses, Sandra se suicidó. Sé que debería haberme dado lástima, pero no fue así. Porque yo mismo lo hice.